La Masonería Argentina a
través de sus hombres
Por Alcibíades Lappas
INDICE
La Masonería en el Río de la Plata durante el siglo
XVIII
Primer Gran Maestre Provincial
La Masonería después de 1810
La Logia Lautaro
Las condenas del Vaticano
La Southern Star, Estrella Sureña
La fundación de la Gran Logia
El cuadro del 25 de Julio de 1859
Nuestros primeros domicilios: calle Bolivar, City
Hotel, ex-teatro Colón en el hoy Banco Nación
Los Grandes Maestres
Masones de la Argentina
Los Presidentes de la Nación
Científicos
Hombres de armas
Hombres de teatro
Artistas
Los Hermanos Sacerdotes
La labor de un siglo
la Comisión Masónica de ayuda a las victimas del cólera
Terremoto de Mendoza, 1874, y movimiento armado de 1880
Cruza Roja Argentina, registro y matrimonio civil, Ley
1420, de educación común
Centro progresistas, culturales, bibliotecas,
asociaciones filántropicas
CONCLUSION
La Masonería en el Río de la Plata
durante el siglo XVIII
Hemos visto como surgió la Masonería
especulativa actual, como adquirió carácter orgánico a partir
del ano 1717, con la fundación de la Gran Logia de Inglaterra
y su difusión a partir de esa fecha por el viejo y nuevo
mundo.
Veamos ahora lo relativo a la aparición de la
Masonería en el Río de la Plata. A juzgar por documentos
encontrados en la ciudad de Buenos Aires y por otros
existentes en el archivo de la Gran Logia de Inglaterra, esta
ultima, con fecha 17 de abril de 1735, siendo su Gran Maestre
Tomás, segundo vizconde de Weymouth, designa al caballero
Randolph Took como Gran Maestre Provincial para América del
Sud.
Dado que la Gran Logia de Inglaterra recién a
partir de 1750 empezó a tener matricula de sus miembros,
carecemos de mayores datos sobre el antes mencionado Took y
los masones que pudo haber iniciado en aquella época. Su
nombre figura en 1730 como miembro de la Logia Emulación Nº 21
de la ciudad de Londres, cuya fundación data en 1723.
Primer gran Maestre Provincial
En una nomina de Grandes Maestros
Provinciales, que aparentemente se remonta al ano 1737, Took
sigue figurando con el referido titulo así como las Logias
fundadas por el que continuaban en actividad: su nombre no
figura en cambia en los registros del ano 1750, lo cual hace
presumir que en el ínterin haya fallecido.
En la ciudad de Buenos Aires encontramos a
Took entre 1735 y 1737, ocupándose aparentemente de negocios,
ya que realiza varios viajes entre la ciudad de Buenos Aires y
la región del Caribe y Brasil.
Contrariamente a las afirmaciones
contundentes de Juan Canter, se ha podido comprobar como
cierta la existencia en Buenos Aires de una Logia denominada
Independencia, fundada a fines del siglo XVIII y que obtuvo
Carta Constitutiva de la Grande Loge Generale Ecossaise de
France, cuerpo este que fue absorbido el 8 de enero de 1805
por el Gran Oriente de Francia, quedando la antes mencionada
Logia en libertad de acción sobre su futuro.
A fines también del siglo XVIII, el portugués
Juan de Silva Cordero, funda la Logia San Juan de Jerusalén de
la Felicidad de esta parte de América, con Carta Constitutiva
de la Gran Logia de Maryland. Los títulos distintivos de ambas
Logias indican bien a las claras cuales eran las fina1idades
perseguidas por sus organizadores: la independencia y la
fe1icidad de esta parte de América.
Durante las Invasiones Inglesas, en el seno
de los regimientos que llegaron a Buenos Aires había Logias
que funcionaban con Carta Constitutiva de la Gran Logia de
Irlanda. Los miembros de esas Logias constituyeron en Buenos
Aires las Logias Hijos de Hiram y Estrella del Sur, ambas
también con Carta Constitutiva de la Gran Logia de Irlanda, y
en cuyo seno fueron iniciados muchos criollos.
La Masonería después de 1810
Al producirse la Revolución de Mayo existía
en Buenos Aires una logia presidida por el doctor Julián B.
Álvarez. Se desconoce con exactitud el nombre de la referida
logia, ya que unas veces aparece con el de San Juan y otras
con el de Independencia. Dado que todas las Logias Masónicas
se denominan Logias de San Juan, cabria la hipótesis de que el
de Independencia fuera el verdadero titulo distintivo de la
Logia y esta fuera la misma fundada a fines del siglo
XVIII.
La Logia, presidida par el doctor Álvarez,
tiene una importancia fundamental por cuanto de entre sus
miembros fueron seleccionados aquellos que secundarían a
Alvear, San Martín, Zapiola y demás masones viajeros que
llegaron en la fragata Jorge Canning, para la fundación de la
Logia Lautaro de Buenos Aires.
La Logia Lautaro
La Logia Lautaro fue fundada en 1812 y sus
integrantes formaron posteriormente las lautarinas o lautarias
de las ciudades de San Fe, Córdoba y Mendoza en la Argentina,
y la de Santiago de Chile.
Además de las Logias lautarinas, durante las
guerras de la independencia hubo sendas Logias en el Ejercito
de los Andes y en el Ejercito del Norte, la primera presidida
por el Libertador y la segunda por Belgrano.
El general Belgrano funda además la Logia
Argentina de la ciudad de Tucumán, denominada posteriormente
Unidad Argentina y que trabajo con Carta Constitutiva otorgada
par la Masonería de Nueva Granada. Véase respecto de las
actividades masónicas del general Belgrano el estudio
realizado por Arturo Gambolini, organizador del Archivo
Histórico de la provincia de Salta.
Acerca de esas Logias se ha entablado una
polémica, mas de una vez apasionada, sobre si eran o no
masónicas. Los que les negaron tal carácter sostienen que
"aparte del formulismo masónico esas agrupaciones tenían fines
patrióticos y que sus componentes eran profundamente
católicos".
Las condenas del Vaticano
Se pone particular énfasis en esto ultimo por
haber sido la Masonería reiteradamente condenada par las
autoridades del Vaticano desde el 28/4/ 1738, en que apareció
la "constitución" In Eminenti Apostolatus Specula, de Clemente
XII. Sobre esa encíclica se baso Felipe V en 1740 para
legislar en contra de los masones, ejemplo que se imitó con el
Real Decreto del 2 de julio de 1751 y otras sucesivas medidas
de las autoridades españolas hasta la actualidad, en que el
gobierno franquista condena el "delito de Masonería" con una
pena mínima de doce años y un día de prisión.
Por su parte, el Vaticano ha seguido
condenando a la Masonería a trabes de las "constituciones" de
Benedicto XIV, del 18 de mayo de 1751, titulada Próvidas
Romanorum; de Pío VII, del 13 de setiembre de 1821, titulada
Ecclesiam a Jesu-Christo; de León XII, del 13 de marzo de
1825, Quo Graviora; las encíclicas de Pío VIII, del 21 de mayo
de 1829, Traditi Humilitati Nostrae; de Gregorio XVI, del 15
de agosto de 1832, Mirari Vos, que esta dirigida contra los
errores del mundo moderno; de Pío IX, autor de varias, las más
importantes de las cuales son Qui Pluribus, del 9 de noviembre
de 1846, Syllabus, del 8 de diciembre de 1864, Multiplices
Inter, del 21 de septiembre de 1865, Ex Epístola, del 26 de
octubre de 1865, Apostolicae Sedis, del 12 de octubre de 1869,
y Etsi Multa, del 21 de noviembre de 1873; y final mente, León
XIII, con su Humanum Genus, del 20 de abril de 1884, seguida
de una Instrucción Publica del Santo Oficio "De Secta
Massonum", del 7 de mayo de 1884, "Proeclara Gratulationis",
del 20 de junio de 1894, Annum Igressi, del 18 de marzo de
1902, sin contar la declaración hecha oficialmente el 19 de
marzo de 1950, a través de las columnas del Osservatore
Romano, órgano periodístico oficioso del Estado Vaticano,
en el sentido de que las condenaciones de la Masonería se
mantienen en toda su integridad.
Al argumento de que siendo los patriotas de
1810 y de la independencia argentina profundamente cató1icos
no podrían ser masones, ya que la Iglesia había "condenado la
secta", se puede contestar que con ese criterio esos mismos
hombres, ante la aparición de las bulas de Pío VII, del 30 de
enero de 1816, y las de León XII, del 24 de septiembre de 1824
y del 10 de febrero de 1825, en que se condenaba a los
movimientos libertadores de América, debían abandonar las
armas y volver a someterse a Fernando VII y sus sucesores.
En 1821 un grupo de constitucionalistas
españoles 1legan a Buenos Aires, fundando la Logia Aurora,
bajo los auspicios de la Masonería española. Con la muei1e del
general Rafael del Riego y Núñez, varios de sus partidarios
llegaron a Buenos Aires, formando otra logia con el titulo
distintivo de Libertad, bajo los auspicios del Gran Oriente N.
Español. De esa época datan también la Logia Fénix, fundada
bajo los auspicios de la Gran Logia de Maryland, así como la
Valeper, fundada por Lafinur.
La Southern Star, Estrella
sureña
En 1825 un grupo de súbditos estadounidenses
organizan Estrella Sureña (Southern Star) con Carta
Constitutiva de la Gran Logia de Pensilvania. En esa Logia
incorporase don Bernardino Rivadavia. La Logia siguió
trabajando hasta que en el ano 1829, ya baja la influencia
rosista, fueron perseguidos sus integrantes, viéndose
obligados muchos de ellas a emigrar a Montevideo, donde
formaron la Logia Asilo de la Virtud, con Carta Constitutiva
también de la Gran Logia de Pensilvania.
Durante la tiranía surgieron numerosas Logias
conocidas con la denominación genérica de Unitarias, por
cuanto la mayoría, si no todos sus componentes, se oponían al
régimen sanguinario de Rosas. En esas Logias militaron muchos
de los más allegados, e incluso cercanos parientes de Rosas.
Algunas de esas Logias llegaron hasta nuestros días: v.g., la
de San Juan de la Frontera, de la ciudad de San Juan; la
Constante Unión, de la ciudad de Corrientes; y la Jorge
Washington, de la ciudad de Concepción del Uruguay.
Por su parte, Garibaldi, durante su estada en
Entre Ríos, en 1837, funda una Logia en Gualeguaychú.
Después de Caseros los masones siguen
agrupándose y surgen varias Logias argentinas y algunas
extranjeras. Entre las primeras cabe mencionar la Logia
Fraternidad de San Nicolás de los Arroyos, fundada por José A.
Melián, y las Logias Concordia, fundada en 1852, Constancia,
en l 855, Unión del Plata, en 1855, y Confraternidad
Argentina, en 1856, estas ultimas de la ciudad de Buenos
Aires. Esas Logias trabajaban bajo los auspicios de la
Masonería brasileña o del Uruguay.
Entre las Logias extranjeras recordamos la
Logia Amie des Naufrages, integrada por franceses y que
trabajaba baja los auspicios de la Masonería francesa; y la
Logia Excelsior, fundada en 1853 por un grupo de residentes
ingleses, bajo los auspicios de la Gran Logia Unida de
Inglaterra.
La fundación de la Gran Logia
El 1 l de diciembre de 1857 siete de las
Logias existentes en la ciudad de Buenos Aires: Unión del
Plata, Confraternidad Argentina, Consuelo del Infortunio,
Tolerancia, Regeneración, Lealtad y Constancia, se agrupan y
constituyen la actual Gran Logia de la Argentina, eligiendo
como primer Gran Maestre al doctor José Roque Pérez,
distinguido jurisconsulto, diplomático, hombre publico y
eminente filántropo.
Acompañaron al doctor José Roque Pérez en su
gestión el doctor Pedro Díaz de Vivar, en calidad de Pro Gran
Maestre; el doctor Nicanor Albarellos y el coronel Santiago
Rufino Albarracín, como Grandes Vigilantes; el doctor
Eustaquio J. Torres, como Gran Orador; el doctor Fernando Cruz
Cordero, como Gran Secretario; don Federico Álvarez de Toledo,
como Gran Tesorero; y el doctor Alejandro Brown, como Gran
Hospitalario.
El cuadro del 25 de julio de
1859
Según un cuadro del 25 de julio de 1859,
había las siguientes Logias: Unión del Plata Nº 1 con 110
miembros y Venerable Maestro el doctor Federico Pinedo;
Confraternidad Argentina Nº 2 con 96 miembros y V. Maestro don
José Manuel Lafuente; Consuelo del Infortunio Nº 3 con 90
miembros y V. Maestro el doctor Nicanor Albarellos; Tolerancia
Nº 4 con 82 miembros y V. Maestro el doctor Bernardo de
Irigoyen; Regeneración Nº 5 con 56 miembros y V. Maestro don
Mariano Billinghurst; Lealtad Nº 6 con 96 miembros y V.
Maestro don Antonio Zinny; Constancia Nº 7 con 24 miembros y
V. Maestro don Esteban Senores; Sol de Mayo Nº 8, de la ciudad
de Buenos Aires como las anteriores, con 56 miembros y V.
Maestro el doctor Carlos Durand; Verdadera Iniciación Nº 9 de
la ciudad de Buenos Aires, en formación; Fraternidad y
Beneficencia (actualmente llamada Unión y Amistad) Nº 10 de
San Nicolás de los Arroyos con 41 miembros y V. Maestro el
general Wenceslao Paunero; Filantropía Nº I l de la ciudad de
Rosario se hallaba en receso, Unión Italiana Nº 12 con 45
miembros y V. Maestro el doctor José Salvarezza; Obediencia a
la Ley Nº 13 de la ciudad de Buenos Aires, al igual que la
anterior, con 25 miembros y V. Maestro el doctor Manuel
Pereda; Verdad Nº 14 de la ciudad de Mercedes, provincia de
Buenos Aires, con 34 miembros y V. Maestro el doctor Manuel H.
Langenheim; y Dios y Libertad Nº 15 de la localidad de Los
Ranchos, de la antes mencionada provincia, con 20 miembros y
V. Maestro el doctor Benito Méndez González. Es decir, a
veinte meses de la fecha de su fundación, la Gran Logia de la
Argentina contaba con 15 Logias que agrupaban a casi 900
miembros. Ese impulso inicial lo ha mantenido a través del
siglo de su existencia y ha permitido la fundación de mas de
400 Logias en el país, para agrupar en su seno a unos 60.000
miembros.
Nuestros primeros domicilios: calle
Bolivar, City Hotel, ex-teatro Colon en el hoy Banco
Nación
El primer asiento de la Gran Logia de la
Argentina se hallaba en la calle Bolívar, donde en la
actualidad esta el edificio del City Hotel. Posteriormente se
traslado al primer piso del antiguo Teatro Colon, que se
erigía donde actualmente se halla el edificio del Banco de la
Nación Argentina, frente a la histórica Plaza de Mayo, y donde
permaneció hasta la inauguración de su actual casa, el 3 de
marzo de 1872. Los planos del Templo Masónico de la calle
Cangallo 1242 fueron diseñados por el ingeniero Carlos E.
Pellegrini, pero al decaer su estado de salud prosiguió la
dirección de las obras el ingeniero Tamburini, autor del plano
inicial del actual edificio del Teatro Colon, ayudado por el
ingeniero Luis A. Huergo.
Los Grandes Maestres
Desde su fundación ocuparon el cargo de Gran
Maestre de la Gran Logia de la Argentina los siguientes
ciudadanos: doctor José Roque Pérez ( l 857-1861), doctor
Pedro José Díaz de Vivar (1861-1864), doctor José Roque Pérez
(1864-1867), doctor Daniel Maria Cazón (1867-1870), doctor
Nicanor Albarellos (1870-1875), coronel Carlos Urien
(1875-1876), doctor Nicanor Albarellos (1876-1877), doctor
Agustín Pedro Justo (1877-1879), doctor Vicente Fidel López
(1879-1880), doctor Manuel Hermenegildo Langenheim
(1880-1882), Domingo Faustino Sarmiento (188W 883), doctor
Leandro N. Alem (1883-1885), doctor Valentín Fernández Blanco
(1885-1887), escribano José Fernández (1887-1888), doctor
Valentín Fernández Blanco (1888-1891 ), doctor José Francisco
Soler (1891-1892), doctor Faustino Jorge (1 892-1893), general
Bartolomé Mitre (1893-1894), doctor Juan José Soneyra Urquiza
(1894-1896), general Rudecindo Roca (1896-1899), general
Liborio Bernal (1899- 1900), doctor Faustino Jorge
(1900-1901), doctor Emilio Gouchon (1901-1902), doctor Pablo
Barrenechea (1902-190S), doctor Agustín Enrique Álvarez
(1905-1906), doctor Juan Balestra (1906-1907), doctor Emilio
Gouchon (1907-1911), doctor Carlos Conforti (1911-1913),
doctor Enrique Jorge (1913-1914), doctor Cesar Langenheim
(1914- 1916), general doctor Juan Ángel Golfarini (1916-1917),
Francisco Basilio Serp (1917-1923), general Alejandro Monbello
(1923-1924), Andrés Supeña (1924-1926), coronel ingeniero
Carlos González (1926-1928), Fabián Onsari (1928-1936),
Ricardo Pedro Carrasco (1936-1939), Fabián Onsari (1939-1945),
doctor Alberto José Mazziotti (1945-19S1), Domingo Regino
Sanfeliu (1951-l956), arquitecto Luis San Luis (1956-1957),
doctor Agustín Jorge Álvarez (1957-1958), lan Gillespie
Drysdale (1958-1960), doctor José Maria Fiorini (1960-1966),
Carlos Wilson (1966-1969), Cesar de la Vega (1972-1975), Luis
San Luis (1975-1976), Rolando M. Riviere (1976-1981), Carlos
Wilson (1981-1987), Alejo Neyeloff (1987-1993), Eduardo A.
Vaccaro (1993).
Ocuparon el cargo de Pro Gran Maestre,
segundo en importancia, durante la centuria los siguientes
ciudadanos: doctor Pedro José Díaz de Vivar (1857-1861),
doctor Eustaquio J. Torres (1861-1864), doctor Nicanor
Albarellos (1864-1867), doctor José Roque Pérez (1867-1870),
Mariano Billinghurst (1870-1871), coronel Álvaro Barros
(1871-1873), doctor Manuel Augusto Montes de Oca (1873-1875),
coronel Enrique Baltasar Moreno (1875-1876), doctor Teófilo
García (1876-1877), almirante doctor Pedro Mal lo (1877-1879),
doctor Juan Mariano Larsen (1879-1880), Coronel José Natalio
Romero ( l 880-1882), doctor Leandro N. Alem (1882-1883),
doctor Valentín Fernández Blanco (1883-1885), doctor Manuel H.
Langenheim (1885-1888), almirante doctor Pedro Mallo
(1888-1889), coronel Pedro Ángel Cáceres (1889-1890), doctor
José Francisco Soler (1890-1891), almirante doctor Pedro Mal]o
(1892-1894), capitán de navío doctor Eugenio Bachmann
(1894-1896), doctor Servando Armando Gallegos (1896-1900),
profesor Francisco Felipe Fernández (1900-1901), escribano
Emilio del Valle (1901 -1902), coronel Luis Maria Arzac
(1902-1905), doctor Juan Balestra (1905-1906), profesor
Alejandro Sorondo (1906-1907), Leopoldo Lugones (1907-1908),
Fabián Panelo (1908-1910), coronel Luis Maria Arzac
(1910-1911), doctor Enrique Jorge (1911-1912), doctor Cesar
Langenheim (1914-1916), doctor Eduardo Ladislao Holmberg
(19l6-1917), doctor Cesar Langenheim (1917-1920), general
Alejandro Juan Mombello (1920-1923), escribano Antonio
Rodríguez Zúñiga (1924-1926), Fabián Onsari (1926-1928),
Vicente Cacciatore ( 1928-1929), doctor Arquímedes A. E.
Soldano (1929-1932), escribano Tomas Bravo (1932-1933), doctor
Carlos Rodríguez Brito (1933-1935), arquitecto Luis San Luis
(1935-1938), profesor Benigno V. Hernández Gwyne ( l
938-1940), Pedro Alfredo Rome (1940- l941), doctor Adolfo
Panigazzi (1941-1942), doctor Alberto José Mazziotti
(1942-1945), Domingo R. Sanfeliu (1945-1951), arquitecto Luis
San Luis (1951-1956), lan Gillespie Drysdale (1957-19S8),
Optimo José Muratore (1960-1966) y José González Ledo
(1966-1969).
La existencia de una entidad con más cien
años de vida activa e ininterrumpida en un país joven como la
Republica Argentina, que a la fecha de la fundación de la Gran
Logia de la Argentina hacia apenas cuatro décadas que había
proclamado su independencia y su resolución de constituirse en
nación libre y soberana, es sin lugar a dudas un hecho
altamente significativo, sobre todo si se tiene en cuenta la
decisiva influencia que la Masonería con sus principios y a
través de sus hombres ha tenido en todos los ordenes de la
vida nacional.
Es comprensible que así sea, ya que en la
Masonería militaron destacadas figuras de la nacionalidad.
Porque en todos los países y en todos los tiempos fueron
miembros de la Masonería los mas destacados ciudadanos, por
ser la única institución verdaderamente neutral en los
aspectos políticos y religiosos, donde en un ambiente de
respecto pueden actuar libremente, expresar sus ideas y
confiar sus anhelos e inquietudes, y encontrar la compresión y
apoyo que a veces son imprescindibles para llevar a la
practica nobles iniciativas.
MASONES DE LA
ARGENTINA
Los Presidentes de la Nación
Es así como se pueden mencionar 14 ciudadanos
que ocuparon la Presidencia de la Nación y que fueron masones:
Bernardino Rivadavia, Vicente López y Planes, Justo José de
Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino
Sarmiento, Miguel Juárez Celman, Carlos Pellegrini, Manuel
Quintana, José Figueroa Alcorta, Roque Sáenz Pena, Victorino
de la Plaza, Hipólito Irigoyen y Agustín P. Justo. De los
vicepresidentes fueron masones: Salvador Maria del Carril,
Juan Esteban Pedernera, Mariano Acosta, Adolfo Alsina,
Francisco B. Madero, Norberto Quirno Costa, y Julio A. Roca
(H), aparte de otros ciudadanos que, en virtud de la ley de
acefalita, ocuparon transitoria o circunstancialmente la
vicepresidencia o ejercieron la primera magistratura, tales
como Antonio del Pino, Benito Villanueva y otros.
Escritores
Sin agotar la nomina, pero a guisa de
ejemplo, se dan algunos nombres mas: entre los escritores, los
de Bartolomé Hidalgo, José Hernández, Hilario Ascasubi,
Estanislao del Campo, Miguel Cane, José Mármol, Alejo Peyret,
Eduardo Wilde, José Ingenieros, Roberto J. Payró, Alejandro
Korn, Leopoldo Lugones;
Periodistas
En el periodismo los hermanos Varela, los
hermanos Gutiérrez, Olegario V. Andrade, Miguel Goyena,
Servando A. Gallegos, Ovidio Lagos, José S. Álvarez (Fray
Mocho), Joaquín V. González;
Científicos
Científicos de la talla de Luis M. Drago,
Juan Antonio Fernández, Teodoro Baca, Manuel Augusto Montes de
Oca, Eduardo Acevedo, Oscar Doering, José Maria Ramos Mejía,
Eliseo Canton, José Maria Moreno, José Miguel Guastavino, Juan
Maria Gutiérrez, Ricardo Gutiérrez, Carlos Murray, Florentino
Ameghino, Martín Spuch, Eduardo Logia Holmberg; e
investigadores del pasado como Lucio V. López, Manuel Trelles,
Antonio Zinny, Alejandro Rosa, José M. Pelliza, Adolfo
Saldías, fueron masones.
Hombres de armas
Hombres de armas como los almirantes Manuel
Blanco Encalada, Luis Cabassa, Bartolomé Cordero, Mariano
Cordero, Edelmiro Correa, Antonio
Somellera, Daniel de Solier, Enrique G.
Howard, Enrique B. García; o los generales Juan A. Gelly y
Obes, Wenceslao Paunero, Emilio Mitre, Benjamín Victorica,
Félix Benavides, Eduardo Broquen, Emilio Conesa, Donato
Álvarez, Nicolás Levalle, Eleodoro Damianovich, Cesáreo
Domínguez, Rosendo Maria Fraga, Manuel Fernández Oro, Teodoro
García, José M. Francia, Eduardo Racedo, Zacarías Supisiche,
Nicolás Vega, Francisco J. Reynolds, Joaquín Viejobueno, Luis
J. Dellepiane, sin olvidar figuras de menor graduación pero no
por eso menos recordadas y apreciadas, como Luis Piedrabuena,
Luis Py, Erasmo Obligado, Clodomiro Urtubey, Santiago J.
Albarracin, Felix Dufourcq o Jorge Reyes.
Hombres de teatro
Hombres de teatro como Florencio Sánchez,
Roberto Casaubon (conocido como Roberto Casaux), Emilio
Onrubia, F1orencio Parravicini, Enrique García Velloso,
Ezequiel Soria, Enrique Muiño, Enrique de Rosas, Luis
Arata;
Artistas
o artistas como Carlos Enrique Pellegrini,
Ignacio Manzoni, Prilidiano Pueyrredón, Mariano Agrelo, Martín
Boneo, Ernesto de la Cárcova, Rogelio Yrurtia.
De todos ellos y muchos otros se ofrecen
breves síntesis biográficas en la segunda parte de este libro,
donde se da una extensa nómina de masones de la Argentina, con
indicación precisa en cada caso de la actividad masónica que
hemos podido comprobar.
El criterio que prevaleció para la selección
fue dar a conocer la nomina de aquellos que tuvieron destacada
actuación en el seno de la Gran Logia de la Argentina durante
la centuria transcurrida y de aquellos otros que forjaron la
libertad y grandeza del país en los diversos ordenes: las
ciencias, la enseñanza, las letras, las artes, el periodismo,
las profesiones liberales, las fuerzas armadas, las
actividades políticas, el campo de la producción, de la
industria o del comercio y las actividades gremiales.
Me he abstenido ex profeso de incluir
eclesiásticos. Esa omisión se debe al deseo de evitar que su
memoria, tan querida para los masones, sean ellos obispos,
deanes o simples miembros del clero regular o secular, se vea
librada a la irracionalidad del fanatismo.
Los Hermanos sacerdotes
En cambio se han incluido los nombres de
sacerdotes que en forma publica rompieron sus vínculos con la
Iglesia Católica Romana. Nombres como los de Julián S. de
Agüero, el doctor Emilio Castro Boedo, el doctor Celestino
Logia Pera, o el doctor José E. Labbe, es innecesario no
mencionarlos, ya que en su momento los casos respectivos
tuvieron gran notoriedad. La Iglesia, cuyos ministros fueron,
en su hora tomó las medidas que creyó convenientes y ellos
supieron asumir su propia defensa en la forma brillante que se
recuerda. Además se incluyeron los nombres de aquellos
sacerdotes católicos cuya militancia masónica era conocida en
vida de ellos, como el caso de monseñor Miguel Vidal, del
capellán de las fuerzas armadas José de Sevilla Vázquez y
otros.
La labor de un
siglo
Al rememorarse el primer centenario de la
fundación de la Gran Logia de la Argentina, su Gran Maestre a
la sazón, el doctor Agustín Jorge Álvarez, dijo: "La magnitud
del aniversario implica la necesidad de hacer un alto en el
camino para contemplar con serenidad lo ya recorrido y hacer
un examen de conciencia para saber si continuamos cumpliendo o
no con el mandato de nuestros mayores y luego, de acuerdo con
el resultado de ese examen, regocijarnos si él nos es
favorable, en caso contrario, prometer enmienda, retemplar las
fuerzas, volver la mirada hacia adelante y reemprender la
marcha hacia la meta ideal fijada, con anima decidido y
espíritu de sacrificio.
"Como todas las instituciones humanas,
sujetas a las pasiones y a las modalidades de quienes actúan
en ellas, a la influencia de las sociedades en que viven, que
las nutren y las orientan, las fomentan o les son hostiles – y
a la acción de los acontecimientos que van tejiendo
incesantemente la trama de la historia política, social y
económica de su medio – es natural que la nuestra haya tenido,
en cien anos de vida, sus vaivenes, sus altibajos, sus
periodos de brillo y de relativa opacidad, aunque jamás
perdieran sus integrantes su fe en la importancia y dignidad
de ella, en la necesidad de su presencia como elemento
imprescindible y fecundo de progreso social, ni desmayaran en
la labor constructiva de un mañana mejor.
"Ya se ha relatado el nacimiento y desarrollo
de la Gran Logia de la Argentina, cuya vida se superpone a las
ultimas y trascendentales etapas de la vida nacional, ya que
surge a la acción en 1857, como una necesidad de la
organización del país, convaleciente de la tiranía rosista, y
luego asiste a la transformación de la Nación inorgánica y
desgarrada por intereses y facciones localistas, que mediante
una sabia y previsora constitución, inspirada en las ideas mas
generosas de la época, se integra y unifica, vigorizada en sus
entrañas por el aporte de una abundante y laboriosa
inmigración europea, y paso a paso avanza en el camino de la
civilización y cultura, paralelamente a sus otras hermanas de
América.
"Debo no obstante, mencionar las mas
destacadas iniciativas y realizaciones que jalonan, a lo largo
del siglo transcurrido, la marcha recorrida par nuestra
institución.
"Fueron sus hombres quienes lograron el
apaciguamiento definitivo de los espíritus y el
establecimiento de la concordia en la crisis consecutiva a la
batalla de Caseros y a la caída de Rosas; fueron ellos también
quienes contribuyeron eficazmente a la sanción de la
benemérita y libérrima Constitución nacional de 1853, que con
ligeras modificaciones, sigue rigiendo nuestros destinos;
quienes, haciendo casa omiso de temores y alarmas, con recio
coraje civil, organizaron, en 1868,
la Comisión Masónica de ayuda a las
victimas del cólera
que azoto a Buenos Aires y otras ciudades.
Posteriormente crearon la de ayuda a las victimas de la fiebre
amarilla, durante la espantosa epidemia de ese flagelo, que
asolo a Buenos Aires en 1871, presidiendo el cuerpo medico el
doctor Juan José Montes de Oca.
"Esta ultima comisión, que se transformaría
en la famosa Comisión Popular de lucha contra la fiebre
amarilla, fue presidida, con abnegación y celo infatigable,
par el doctor José Roque Pérez, el primer Gran Maestre de esta
Gran Logia, quien, junto con muchos otros hermanos, como
Argerich, Pereyra Lucena, Keil, Guillermo Zapiola, Martinez de
Hoz, perdieron la vida en el noble desempeño de su humanitario
deber, voluntariamente asumido.
Terremoto de Mendoza, 1874, y
movimiento armado de 1880
"Fueron miembros de esta Gran Logia quienes
acudieron en ayuda de las victimas del terremoto de Mendoza o
los que pusieron en pie, en 1874 así como en 1880, cuando hizo
crisis en un movimiento armado el conflicto cuyo epilogo seria
la fijación de Buenos Aires como Capital Federal de la
Republica, un Cuerpo Masónico de Ayuda a los Heridos, germen
fecundo, entre nosotros, de esa benemérita institución, de
origen masónico, la Cruz Roja Argentina.
Cruza Roja Argentina, registro y
matrimonio civil, Ley 1420, de educación común
Fueron también ellos quienes promovieron la
discusión y aprobación de la Ley de Registro Civil y de
Matrimonio Civil; quienes hicieron posible la sanción de
nuestra sabia Ley 1420 de Educación Común, estableciendo la
enseñanza primaria obligatoria, gratuita y laica, eficaz
instrumento civilizador, e imprescindible prolegómeno de la
Ley Avellaneda sobre enseñanza universitaria, que tanto ha
contribuido a nuestro progreso cultural y social. Fueron ellos
quienes en diversas oportunidades propiciaron la inclusión del
divorcio absoluto en nuestra legislación, fueron ellos quienes
propugnaron siempre la equiparación de derechos entre la mujer
y el hombre; quienes han bregado por la difusión de la
cremación de los cadáveres.
"En todas partes donde ha habido en la
Republica masones agrupados en Logias han surgido, como
testimonio de su celo y actividad, instituciones progresistas,
centros culturales, bibliotecas y asociaciones
filantrópicas.
Centro progresistas, culturales,
bibliotecas, asociaciones filántropicas
"A la iniciativa de nuestros hermanos,
quienes constituyeron los núcleos iniciales de múltiples obras
de bien publica y de progreso, en todos los campos de la
actividad nacional, publica y privada, se deben: las primeras
bibliotecas populares que funcionaron, la primera Comisión
Municipal de esta ciudad, germen de su actual gobierno
comunal, la primera escuela de artes y oficios que se
organizara en el país, la Sociedad Tipográfica Bonaerense, la
Sociedad Farmacéutica y Bioquímica Argentina, el Colegio de
Escribanos, la Sociedad Geográfica Argentina, la Sociedad
Amigos de la Astronomía, la Sociedad Rural Argentina, la
Sociedad Científica Argentina, la Academia de Medicina, el
Circulo Medico Argentino, el Instituto Geográfico Argentino,
el Centro Naval, el Circulo Militar, la Fraternidad, que
agrupa y sigue agrupando a los maquinistas ferroviarios, la
Fraternidad de Concepción del Uruguay, benemérita institución
que ha tenido gran influencia en la formación de ciudadanos
progresistas en el litoral de la Republica, la Unión
Industrial Argentina, el Circulo de la Prensa, el Ateneo
Iberoamericano de Buenos Aires, el Asilo de Mendigos, el Asilo
de Sordomudos, el Hospital Durand, el Hospital de Niños y
todos los hospitales de colectividades extranjeras que hoy
brindan sus servicios no sólo a esas colectividades, sino
también a gran parte de la población, y hasta la Sociedad
Protectora de Animales.
"La Gran Logia de la Argentina puede
mencionar también, en esta somera enumeración, la fundación y
sostenimiento de una obra mode1o en su genero, el Hogar
Bernardino Rivadavia, que tiene su sede en Máximo Paz,
provincia de Buenos Aires, donde muchos huérfanos gozan
gratuitamente de sostenimiento, vestimenta, techo y calor de
hogar, y donde logran la cu1tura y la educación que harán de
ellas mañana hombre libre y de buenas costumbres, dignos
ciudadanos de una democracia.
"Sin vana jactancia ni exagerada ostentación,
podemos, pues, lucir con la frente alta y legitimo orgullo un
pasado en el que hemos dado reiteradas pruebas de nuestro
patriotismo y amor a la humanidad, nuestra devoción por cuanto
atañe al hombre, sus necesidades y sus derechos, y nuestra
vocación altruista, filantrópica y progresista, habiendo
servido al país decorosamente y con acendrada lealtad. Este
pasado nos compromete a perseverar en la labor, siempre
inconclusa, del francmasón, inspirándonos en el honroso
ejemplo de quienes nos precedieron, esforzándonos por
superarlos – si ella fuera posible – siguiendo siempre la
trayectoria que ellos recorrieron y señalaron, hacia el logro
de nobles y elevados ideales.
"Nuestro mejor homenaje a quienes tanto y tan
eficazmente han trabajado en pro de nuestra patria y de
cuantos habitan en ella debe consistir sencillamente en
proseguir su obra, la que nos corresponde como entidad
filosófica y escuela de ética, formadora de hombres dignos y
de ciudadanos responsables, y como institución filantrópica,
que persigue el logro de un mundo mejor, mas tolerante y mas
justo, pues la igualdad y la fraternidad no pasaran de amables
utopías mientras persistan la miseria, la ignorancia y la
superstición. Continuaremos nuestros trabajos ciñéndonos al
ritual que nos vincula a la tradición masónica universal,
teniendo como objetivo primordial el perfeccionamiento
individual con un sentido eticista. Coincidimos con Julian
Huxley, el gran biólogo ingles, en su orgullosa afirmación de
que ‘la personalidad humana es el producto supremo del
Universo’ y en que ‘la tarea más vital de la era actual es la
de formular una base social para la civilización, destronando
a los ideales económicos y reemplazándolos por ideales
humanos’. Ninguna institución se halla en mejores condiciones
que la nuestra para intentar esa magna tarea.
"Pese a los augurios pesimistas de muchos
espíritus, respecto del porvenir humano frente a la liberación
de la energía atómica, mantendremos incólume nuestra confianza
en la ciencia, y en la posibilidad de que, con su auxilio,
pueda el hombre llegar a resolver sus angustiantes problemas
de toda índole. Debemos procurar, por todos los medios, que el
útil ice los inmensos recursos que la ciencia y la tecnología
le ofrecen, no para su propio aniquilamiento, sino en favor
del bienestar, de la concordia y de la paz universales.
"Seguiremos combatiendo, pues, la ignorancia
y el analfabetismo, y procuraremos que cada vez penetre
mas luz en mayor numero de cerebros. Es menester que el hombre
común, el hombre de la calle, posea un mínimo de conocimientos
científicos para poder neutralizar la influencia perniciosa de
la superstición y de los prejuicios, y poder tomar
conscientemente partido en las grandes decisiones publicas
libradas al juicio de la mayoría. Insistiremos incansablemente
en la necesidad de ‘educar al soberano’, esa frase lapidaria
que acunara e1 Maestro de América, nuestro ilustre predecesor
en esta Gran Maestría, don Domingo Faustino Sarmiento, y que
constituyera su constante leitmotiv.
"Nuestra posición, en lo que respecta a los
grandes problemas nacionales e internacionales, puede
resumirse en la defensa de tres objetivos capitales, la
democracia, la libertad y el laicismo.
"Defendemos la democracia porque entendemos
que es la forma de gobierno ‘del pueblo, por el pueblo y para
el pueblo’ que mejor puede servir a una sociedad progresista y
en la cual el individuo – el ser humano – cuenta con mas
probabilidades de ver respetados sus derechos frente al
Estado.
"Defendemos la 1ibertad porque consideramos
que es la condición sine qua non para el desarro1lo integral
de la personalidad humana; porque, como lo expresara en forma
sintética Albert Camus, el gran escritor francés, 'la libertad
es la posibilidad de ser mejor. La esclavitud es la certeza de
lo peor...’. Y a1 hablar de 1ibertad no solo nos referimos a
la 1ibertad material, sino también a esa otra, más sutil y más
difícil de alcanzar, la libertad espiritual. 'Una y otra están
estrechamente vinculadas entre si’, dice Albert Schweitzer,
uno de los mayores valores de la humanidad actual. ‘La
civilización presupone hombres libres, pues solo mediante
hombres libres puede ella ser concebida y realizada.’ Sin
libertad, agreguemos nosotros, es inconcebible una verdadera
fraternidad.
"Para consolidar la libertad y darle su cabal
valor, estimamos necesario bregar por que en el mundo alcancen
una real vigencia los derechos humanos, proclamados en e1
siglo XVIII y definidos y aprobados por la Asamblea de las
Naciones Unidas, en Paris, el 10 de diciembre de 1948.
"Defendemos el laicismo, la neutralidad
religiosa del Estado, con todas sus consecuencias: separación
de las Iglesias y el Estado, enseñanza publica laica, control
gubernamental democrático de la enseñanza privada, matrimonio
civil, secularización de los cementerios, etc., porque el
laicismo es inseparable de la libertad de conciencia y de
cultos. Solo él puede garantizarla.
"Creemos que el hombre es perfectible física,
mental y moralmente, y a su perfeccionamiento dedicamos lo
mejor de nuestras energías; sabemos que de ese
perfeccionamiento depende el progreso social, que no solo
concebimos en su faz material, sino muy especialmente en su
faz ética.
"Encierran una gran verdad estas palabras de
Logan Pearsall Smith: 'La conducta moral de algunas personas
esta dictada por el temor a Dios, la de otras por el temor al
agente de policía y la de otras por el temor de sí mismas’.
Aspiramos a que estos pocos últimos se conviertan en la
mayoría de la especie humana. Cuando ello ocurra nuestro
destino sobre el planeta habrá cambiado y reinaran para
siempre la paz y la concordia.
"Es posible que alguien pueda considerarnos
como retardatarios que todavía no han logrado librarse de la
euforia cientificista de fines del siglo pasado. Nosotros
creemos, por el contrario, que los constantes hallazgos de la
ciencia deben afirmarnos en nuestro optimismo.
"He de recordar a ese respecto un concepto de
un critico ingles a) referirse a la biografía de un masón
famoso, el Marques de Lafayette, que puso su brazo al servicio
de las dos grandes revoluciones libertadoras del siglo XVIII,
la norteamericana y la francesa. Dice así: ‘Los hombres
denodados, obstinados, algo estúpidos y perfectamente
honorables, que tienen una fe ciega en la libertad y en la
perfectibilidad de la humanidad, son ridículos; por otra
parte, gracias a ellos, y únicamente gracias a ellos, existe
la posibilidad de civilizar la política del hombre y mejorar
su suerte’. Nos contamos entre esos hombres ridículos y algo
estúpidos, y a mucha honra."
CONCLUSION
Para muchas personas que desconocen lo que es
la Masonería sería una sorpresa comprobar que en la Masonería
Argentina militaron, al igual que ahora, las mas destacadas
figuras de la nacionalidad. En todos los tiempos fueron
miembros de la Masonería los mejores ciudadanos de cada
país.
Es de esperar que, a pesar de la premura con
que se ha escrito y sus consiguientes defectos, este libra
proporcione a los que lo lean suficientes elementos de juicio
como para apreciar en su verdadero valor a la Masonería,
desechando prejuicios, leyendas e informaciones
malévolas.
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